El Manhattan de Danny Lyon

Danny Lyon se encontraba allí, tenía veinticinco años, y disponía de todo un equipo fotográfico, de la curiosidad, y del anhelo de registrar los cambios arquitectónicos que se estaban llevando a cabo y que modificarían el contorno urbano para siempre.

El momento apropiado

El libro se queda en ese estante, donde coge polvo, donde se lo quitas, donde vuelve a cogerlo y vuelves a quitárselo, y así pasan los años hasta que un día, sin un motivo aparente, oyes una conversación, ves un cartel, lees algo o en general, recibes un estímulo que, de pronto, te lleva nuevamente a pensar en esa obra.

De caminar a otro ritmo

No haces sino comprar un producto para que ya, al día siguiente, haya perdido la notoriedad de novedad y pase a ser algo anticuado. Ropa, vehículos, objetos decorativos, tecnología, etc., productos cuya utilidad pasa a un segundo plano, se subordinan a las modas o a la novedad.

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