aparentemente un indicativo

Bajo la cúpula y ante sus designios

en mitad de alguna de esas tantas muchas vueltas

escribo apresurado borradores imprecisos

imprecisos como yo

a menudo olvidados.

 

Es mi prisión de hierro y asfalto

en ella escribo

oculto entre todos esos coches de gama alta

de espaldas a las cámaras

esas cámaras que apuntan hacia todas las partes del cubo.

 

No busco la belleza esta vez,

escribo para huir

necesito escapar del hastío y la monotonía

del tedio

del cansancio

del desasosiego y la fatiga.

 

Necesito olvidar la desesperanza y la melancolía

y alejarme de ese hedor impregnado en cada rincón de mi celda

alejarme de la ignorancia, la falacia, la intolerancia, la estupidez…

de todas esas cosas que de tan cerca tenerlas acaban por alienarte hasta convertirte en una oveja más,

otra más.

 

Escondido tras barricadas de coches

sé que escribo para sobrevivir

para no desfallecer

para soportar la carga

para desaparecer y olvidarme de todo y de todos,

de mí.

 

De algún modo,

escribo para seguir jugando

a que tengo un motivo

por el que seguir creyendo en este juego.

Un motivo por el que seguir jugando.

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El muro ese del que escapamos

era uno de esos días en los que te sientes triste

uno de esos días en los que estás mal y ni siquiera sabes por qué

no había sufrido ninguna tragedia

y sin embargo,

 

solo había vacío,

ninguna lucha merecía la pena

 

era uno de esos días en los que uno necesita desaparecer

necesitaba escapar de la celda que a veces es mi propio hogar

y sobre todo

necesitaba alejarme de los barrotes que a menudo rodean a mi mente

 

era de noche y era otoño

hacía frío y el viento arrastraba las hojas secas que se amontonaban en el suelo

las calles estaban vacías y sucias

y el banco del parque donde me senté

mojado por el rocío

 

estaba rodeado de grises edificios iluminados en su interior

estaba rodeado de gente guarecidas en sus casas

pero estaba solo en el parque

estaba completamente solo en un mundo solitario

 

y entonces miré al cielo y la vi

entonces la luna…

era una de esas lunas creciente con forma de sonrisa

la miraba sorprendido,

 

¿me estaba sonriendo?

me sonreía

y mientras tanto yo allí,

en eso…

en ese pequeño mundo mío atestado de inabarcables incertidumbres

 

desvié la mirada hacia un rincón

donde se congregaba un baile de hojas secas

me dije

“la vida y sus ironías”

y miré de nuevo al cielo,

miré de nuevo a la luna

y le devolví la sonrisa…

abrígate bien

absorto

en ese universo tan propio

con la séptima de Beethoven de fondo

trabajo mis textos a contrarreloj

apenas queda media hora para tener que descender al mundo real

al mundo físico

al trabajo, a los atascos, a las prisas…

 

suena el móvil

me distrae de mi escritura

es mi pareja, preocupada:

“Abrigate bien, está nevando”.

 

me asomo un poco

por la calle se oye a una mamá preocupada:

“no conduzcas cariño, nevando no, yo te llevo en cuanto llegue”…

 

y poco después

apresurado,

camina un hombre de más de treinta,

cansado por la dureza del trabajo y la crudeza de la vida

se lamenta malhumorado:

“Con todo el trabajo que tenemos, encima esto”.

 

“No hay esperanza”

suspiro afectado e intento volver a mis textos,

cuando a lo lejos,

oígo a una pequeña florecilla de apenas cinco años:

“¡Está nevando, papá, papá ven, ven, mira, mira está nevando…!”

 

Sonrío aliviado,

sé que aunque el invierno es crudo, la primavera pronto despertará,

pero, melancólico, no puedo evitar hacerme la maldita pregunta:

“¿A qué edad mueren los ángeles?”

 

Madrid 13 de febrero de 2017

el aire, el aire, el aire…

Antes era distinto

de niño,

uno soñaba

y no era un puto enfermo mental esquizofrénico por tener amigos invisibles

solo un peque con mucha imaginación

 

recuerdo que siempre preguntaban que qué quería ser de mayor

a los cinco años quería ser astronauta

ni siquiera sabía bien por qué, pero la idea de viajar en una nave espacial…

visitar lo imposible,

esa idea me atraía…

 

luego, con los pies algo más en la tierra

-aunque nunca tuve los pies en la tierra-

cuando me preguntaban que qué quería ser de mayor

decía que quería ser periodista

Corrían los noventa y tantos

y yo,

con poco más de diez años

enchufado a la televisión un buen puñado de horas al día

veía como héroes a esos reporteros que se metían en el mismísimo vórtice del huracán

buscando la noticia…

Luego vino el abandono y el olvido…

               dejas los estudios

               conoces el alcohol

               te acercas a las drogas

y pasa lo que pasa

no has cumplido dieciocho años y ya nadie te pregunta que quieres ser de mayor

ni te dan palmaditas en la espalda

ni se enorgullecen cuando hablan de ti

te miran entristecidos,

suspiran,

y se dicen a sí mismos que qué pena,

¡qué pena!,

con lo alto que podía haber llegado este niño

y en lo que se quedó.

Y siguen pasando los años y ya eres adulto

y se supone que debes saber lo que quieres

que tienes una puta idea fija

pero no, uno anda dando bandazos,

como antes,

como siempre…

y mientras todos los que te rodean

seguros de sí mismos

te explican sus metas

te hablan de sus propósitos

te exponen sus proyectos

y te aconsejan mientras te miran condescendientes,

y superiores

entonces piensas…

que qué demonios…

si ni siquiera el viento tiene un rumbo fijo

¿cómo diablos voy a tenerlo yo?

Y así vamos, así

un poco tirando a trompicones

y otro poco dejándome llevar por la brisa a primeros de otoño

Y si quieres, pregúntame por el mañana

Pero te advierto que yo el mañana no lo conozco

que ya veremos cuando llegue

si es que llega.

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errante, poeta y loco

 

el hombre errante

camina hacia ninguna parte

hacia la destrucción de sí mismo

es el destino

 

el poeta

o el artista en general

crea el mundo que habita

un universo en el que todo gira a su alrededor

a veces caprichoso

a veces egoísta

hermoso y a la vez irracional

 

el loco

nacido en un mundo erróneo

va dando tumbos de un lado para otro

sin encajar en ninguna parte

impredecible

incontenible

camina solo

sin nadie que le entienda, sin entender nada…

 

cualquiera de esos tres está sentenciado

y yo poseo la trinidad al completo

errante, poeta y loco

¿qué más se puede pedir?

la suerte está echada…

 

 

 

 

 

 

 

entropía

caminaba cabizbajo, triste,

ensimismado.

 

y aun así la vi,

tan delicada que parecía romperse con el soplo de mis labios

una planta frágil

de tronco finísimo

torcido

con apenas una o dos hojas en toda su superficie

y una pequeñísima flor de pétalos blancos en su cima

 

emergía de una rendija de apenas milímetros

un pequeño hueco que separaba el asfalto del acerado

 

sonreí,

sonreí por primera vez en semanas

a pesar de todo,

me dije,

a pesar de todo aún hay esperanza…

flor