A propósito de las bibliotecas

Una de las máximas que siempre he defendido, es que vivimos en una época en la que hasta los mendigos tienen acceso al conocimiento, al arte y a la cultura. Y es que, hoy, más que nunca, el conocimiento es accesible a un amplio número de personas.

Uno de los grandes alicientes, son las bibliotecas, las cuales poseen tantos recursos disponibles, que ofrecen una brevísima inmensidad del conocimiento humano. Para mí,  han sido y son una parte esencial en mi vida. De hecho, incluso hubo un tiempo en que ni disponía de una economía que me permitiera adquirir libros, ni tampoco lugar donde almacenarlos. Por entonces, se convirtieron, de algún modo, en mi gran refugio. También he trabajado, he estudiado, he escrito o he leído en sus instalaciones, y por lo general, he frecuentado muchas, muchísimas a lo largo de los años.

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Y lo sigo haciendo, porque hoy en día, aunque dispongo de mi pequeña biblioteca en casa,  sigo yendo, con cierta frecuencia, a por libros, a por películas o a por algo de música, y por supuesto, también voy para disfrutar de un buen rato, para perderme entre los laberintos de estanterías, para hojear y hojear y hojear, o también para pasar una agradable velada en ese precioso silencio rodeado de  letras.

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Hacía tiempo que le debía un puñado de letras a estos templos del conocimiento, pero nunca terminaba de escribirlas, hasta que, hace unos días, descubrí que “Si sale cara” está disponible en las bibliotecas de Madrid. Eso me alegró muchísimo, porque después de haber recibido tanto, saber que mi obra está disponible para toda persona que quiera leerla, es toda una satisfacción.

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Así pues, ¿a qué esperan? Vivan su biblioteca más cercana, ámenla, disfrútenla y préstense libros, muchos muchos libros. Y sobre todo, lean, lean hasta que los ojos estén tan agotados que no quede otra que irse a la cama.

*Fotografías tomadas en la biblioteca “Miguel Hernández“, en el distrito Puente de Vallecas (Madrid).

 

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el tiempo perdido

Veo a un Dostoievski con los bolsillos hasta arriba, caminando rápidamente hasta a un casino donde perderse, donde desaparecer hasta agotar el último céntimo que posee…. a un Bukowski borracho perdido en un bar, gastando toda su paga en bebida, olvidando que mañana tiene que pagar el alquiler de ese cuartucho en el que malvive…. a un Vang Gogh obsesionado con algo en lo que piensa, imposibilitado a parar de pensar de forma cíclica y obsesiva… a un Tolstoi arrepintiéndose de todo aquello que nunca debió hacer, aquello que detesta y que sin embargo, lo persigue, lo persigue, lo persigue allá a donde va… a un Williams, acabado después de una vida de éxitos y excesos, que vive entre la nostalgia y el remordimiento…

De algún modo, la cara oculta de la luna, siempre fue un misterio para la humanidad y toda imperfección, ya sea por el malditismo que rezuma o por la tragedia que implica, tiene algo de bello y hermoso. Y demonios, a fin de cuentas, a su manera, también la tormenta es inspiración, también es una musa de la que brota un manantial de agua limpia y pura.

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haz lo que eres

la vida se revela siempre sin avisar
a veces con tanta rapidez
que quiebra todas las certezas de una existencia

y no tiene nada que ver con el mundo civilizado
con las costumbres
o los quehaceres de la vida cotidiana.

Eso que aparece es tu yo interno, tu mismidad revelándose
reivindicando los sueños más puros e íntimos
empujando a que lo hagas:

haz lo que eres,
haz lo que amas,

esas alas están inquietas por volar
y es que el corazón y el alma carecen de artificios
solo puedes dejarte llevar o dejar que muera,

dejar en libertad ese tú que hay en ti
y volar, y volar, y volar libre y alto
o también puedes tratar de matarlo,
dejarlo pasar
y que la llama se extinga con el paso del tiempo…

Cerrado por reformas

Vale, está todo dispuesto, vas a realizar el viaje, has recopilado mucha información y por supuesto, has visto todas esas imágenes impactantes de los lugares conocidos. Y aunque sabes que esas fotos impresionantes pocas veces reflejan la realidad de tanto que han sido modificadas, anhelas llegar allí y contemplar esos lugares maravillosos, esos monumentos que, con el paso de los siglos, se han convertido en una de las estampas de esa ciudad en concreto, en uno de esos rincones que hay que visitar.

Y tienes grandes expectativas y quieres ver ese algo tan especial… pero claro, es lo que tiene: todo está en venta y para colmo, hasta las piedras envejecen. Así pues, llegas a tu destino, y en lugar de encontrarte con ese monumento que esperabas, con esa estampa presente en todas las postales que venden en todos los kioscos, te encuentras con un edificio entelado, o con pancartas, o directamente explotado de las mil formas posibles…

Y claro, ya que has llegado hasta allí, pues también inmortalizas, total, en la vida no todo van a ser fotos espectaculares:

El reloj de Praga, en reformas, oculto casi de cualquier manera, ¡impresionante!

reloj

Como no habían explanadas disponibles en toda la ciudad, no les quedó más remedio que plantar el circo justo en frente del ayuntamiento de Viena.

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Esculturas en las instalaciones del parlamento austriaco.

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Y el propio parlamento de Austria.

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Vista de Praga desde un mirador en las cercanías del castillo.

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La espectacular Ópera de Budapest.

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apretujado a ti

apretujado a ti

en la tranquilidad de una noche de abundantes mantas y colchas y edredones

lo comprendí,

 

comprendí que el amor es más que soles y lunas

más que veranos e inviernos

más que noches de insomnio y días de somnolencia

más que besos al amanecer y noches de lujuria

 

comprendí que el amor es el presente

es la realidad

una manera elegante

y a la vez intensa de vivir .

 

rubenjtriguero-Esther

De encontrar la belleza

Uno va caminando por un callejón cualquiera de Roma, y a la salida de este, te das de bruces con un enorme conjunto escultórico que te deja con la boca abierta… y es que la ciudad eterna es es así, hermosa, inmensa, brutal.

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Pero a pesar de las maravillas, está la realidad: haber visto las esculturas y monumentos miles de veces y el hecho de que al llegar allí, miles turistas que, como uno, están por todas partes fotografiándolo todo en un interminable clic, clic, clic, hace que de un modo u otro, el encanto y la magia se desvanezcan.

Y no es que no haya belleza, mentiría si lo negara, porque cuando te topas con la impresionante Fontana de Trevi, con el imponente Coliseo bajo los focos de la noche, o en mitad de la plaza del Vaticano… la encuentras, estás obligado a encontrarla y mentiría si dijera que no sentí la inmensidad allí. Pero de algún modo, se viene abajo, es como si estuviera prostituida, una belleza prostituida.

Fontana

Y es qué, ¿cómo diablos se puede disfrutar de la basílica de San Pablo teniendo que esperar semejante cola?, ¿cómo se puede admirar La Piedad, estando allí, apretado, sin poder acercarte siquiera, sin poder sentirla?

Pero es lo que tiene, es lo que tiene el turismo, que por una parte te da la oportunidad de conocer de cerca todos esos lugares ajenos, conocidos o desconocidos, y por otro, hace que el encanto se diluya, que de algún modo todas esa belleza que existe en un lugar se evapore.

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Pero, a pesar de todo, siempre hay excepciones. Y es que ya en el último día de viaje, ya apurando las últimas horas antes de tener que ir al aeropuerto, de camino a Termini, pasas junto a una iglesia, con una fachada extraña, rústica, reconstruida, sin artificios de ningún tipo. A su manera, no es fea, ni bonita, es extraña, diferente. Y la curiosidad hace que te adentres en ella, es la Basilica di Santa Maria degli Angeli e dei Martiri.

Y entonces ves el interior, que nada tiene que ver con la fachada rústica, áspera y espartana. Es un lugar precioso, no hay multitudes de turistas, de hecho, apenas hay unas pocas personas en su interior, puedes verla, pasear de un extremo a otro tranquilamente. La iglesia está bien iluminada, posee elementos decorativos pero no está sobrecargada, hay esculturas, hay pinturas y hay un calendario solar larguísimo, decorado con algunas ilustraciones, es una grieta, una cicatriz, una incisión que recorre gran parte del suelo de la iglesia. Un punto de luz que proviene de una pequeña rendija en la parte superior, marca uno de los recuadros, indicando la fecha.

También hay música. Alguien toca un enorme órgano que se encuentra  que se escucha en toda la estancia. Camino de un lado para otro, camino despacio, maravillado, perplejo, emocionado… no recuerdo ni siquiera haberme sentido así, nunca.

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Después de bastante rato, me tengo que ir, nos tenemos que ir, no hay tiempo, ya no se puede apurar más: las compañías aéreas no entienden de belleza, solo de salidas, de llegadas, de horarios. Me voy con esa satisfacción, he encontrado algo, he sentido algo que ni siquiera recordaba.

Ya de vuelta, cuando alguien me pregunta que qué es lo que más me ha gustado, siempre respondo que el Panteón o el Coliseo, pero realmente lo que más me ha impresionado, lo que nunca olvidaré es esa iglesia alejada de todo, esa iglesia de fachada fea y rústica, ese algo, imposible de explicar.

 

 

 

 

a lo lejos, te veo brillar

pero claro

uno nunca está conforme con nada

de un modo u otro,

la mente también es dispersa

como la vida

 

como ese estar hoy aquí y mañana no saber qué será

aunque siempre están los recuerdos

y las certezas de que caminamos juntos durante un tiempo

aunque no lo suficiente

 

quizá tú destello de luz resultó demasiado breve

y es que uno nunca se acostumbra a las ausencias

quizá el dolor se difumine con el tiempo

pero la ausencia permanece

 

es un vacío enquistado

un vacío que persiste pero no de vacíos vive el hombre

y es bueno saber que para allá vamos todos

que al final, la distancia es mínima

 

pero claro,

uno nunca se acostumbra

la herida sigue abierta

y es que los sentimientos no engañan

el vacío existe, está ahí

 

yo por eso,

ya en la noche, miro al cielo

miro al cielo y te veo brillar

a lo lejos, te veo brillar.

a veces la rapidez

 

a veces en la mañana incluso la rapidez va demasiado acelerada

entonces suspiro

aún no ha salido el sol

suspiro

 

quiero un maldito recuerdo que me aleje del presente

mirar a lo lejos

morder esa magdalena

y adentrarme en los recuerdos ya casi extintos.

 

Quiero saborear de nuevo ese ayer

cuando podía respirar,

ese extraño ayer donde nada o casi nada importaba

 

Cierro los ojos

esos tiempos en los que sobrevolaba sueños

a menudo inalcanzables

siempre inacabados.

 

Aquel tiempo en el que podía permitirme volar

Pasar la tarde leyendo  

mirar el cielo

 

¿A qué sabe el recuerdo?

¿y el olvido?

Quiero sobrevolar aquella otra época

aquellos años fugaces

 

visitar

o quizá solo recordar

aquel tiempo extraño

en que nada importaba demasiado

porque nada tenía demasiada importancia.